martes, 11 de marzo de 2008

LOS DESTIEMPOS EN LA EDUCACIÓN

Dos destiempos desgarran particularmente el mundo de la educación. Uno las “deudas del pasado”. Los objetivos no cumplidos de universalización de la escolaridad básica. Pues es cierto que en el plano de la cobertura la expansión en las últimas décadas ha sido considerable, el deterioro en la calidad de la enseñanza no sólo ha multiplicado el número de los analfabetos funcionales sino que según estimaciones de la UNESCO, América Latina es la región con mayores porcentajes de fracaso escolar en el mundo. A las dificultades que aún subsisten, entre los sectores de más bajos ingresos, para acceder a la escuela básica se añade ahora una deserción incesante. Y una desmoralización creciente de los profesores deterioro salarial, escasez de recursos, no renovación de equipos que les hace fuertemente reacios a cualquier innovación o mejoramiento de la calidad. El otro destiempo es el que día a día ahonda la brecha de América Latina en la producción de ciencia y tecnología. Y la imperiosa necesidad entonces de ampliar y consolidar la educación superior con miras a fortalecer la capacidad de estos países en la producción de conocimientos y el diseño de tecnologías.


La implicación que tiene la educación y la enseñanza es que cada vez parece haber una diferencia más grande entre el mundo de los jóvenes fuera de la escuela, la experiencia en el aula, y en la manera como se transmite el conocimiento. Las experiencias sociales y culturales de los jóvenes se han transformado de manera drástica durante los últimos años, las escuelas no se han adaptado a este cambio. Las escuelas actuales serían fácilmente reconocibles para los pioneros de la educación pública. La manera como se organiza la enseñanza y el aprendizaje, las materias y los conocimientos que se valoran y la buena parte de los contenidos de los temarios actuales han cambiado muy poco en este tiempo. De hecho, algunos afirman que la educación está experimentando ciertos retrocesos, pasando de la incertidumbre de los cambios sociales contemporáneos a la aparente estabilidad de un nuevo”fundamentalismo educativo”, en que se podrían restaurar las relaciones tradicionales de autoridad entre los adultos y niños.

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